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Soledad

¿Las microinteracciones sociales son el antídoto a la soledad?

En una epidemia de soledad, las interacciones pequeñas pueden conectarnos.

Los puntos clave

  • Las “microinteracciones”, como mantener conversaciones triviales, pueden aportar beneficios psicológicos.
  • Existe una correlación positiva entre las microinteracciones y la felicidad.
  • Las redes sociales y la falta de espacios de encuentro han agravado la soledad.

Hace poco, me detuve en una cervecería local con la intención de tomar solo una copa y disfrutar de unos momentos de tranquilidad. Terminé entablando conversación con el camarero y hablamos largo y tendido sobre libros, escritores y literatura. Me recomendó algunas obras, yo hice lo propio y mantuvimos una charla realmente agradable, interesante, recíproca y cálida.

Durante el tiempo que pasé allí, la experiencia no se sintió tanto como una relación transaccional entre cliente y empleado, sino más bien como dos amigos conectando a través de intereses comunes. Actualmente estoy leyendo uno de los libros que él me recomendó; me parece interesante y me siento agradecido por haber tenido la oportunidad de conocer sus opiniones y descubrir a un autor que desconocía hasta entonces.

Desde una perspectiva psicológica, este tipo de interacción se denomina “interacción social mínima” o “microinteracción”; son términos clínicos para describir encuentros e interacciones sociales cotidianos. Sorprendentemente, existe una amplia investigación que demuestra que estas interacciones, aparentemente pequeñas y triviales, conllevan en realidad grandes beneficios psicológicos. Puedo dar fe de que mi estado de ánimo mejoró notablemente tras la conversación en la cervecería; experimenté una sensación de conexión y alegría al haber tenido la oportunidad de hablar sobre un tema que me apasiona con un interlocutor interesado y participativo.

Estas beneficiosas “microinteracciones” pueden ser incluso más breves que la que acabo de describir; encuentros como un intercambio rápido de palabras con un dependiente, una charla trivial con un desconocido mientras se espera en una cola o compartir una risa espontánea con otro padre o madre en un parque infantil, por ejemplo, pueden reportar grandes beneficios.

Según un estudio publicado en el Personality and Social Psychology Bulletin, “incluso las interacciones sociales con los miembros más periféricos de nuestras redes sociales contribuyen a nuestro bienestar” (Sandstrom y Dunn, 2014). Un estudio de 2023, cuyo objetivo era replicar hallazgos anteriores sobre los beneficios de las microinteracciones, concluyó que “la interacción social mínima se correlacionaba positivamente con la felicidad, y que los efectos de dicha interacción estaban mediados significativamente por la soledad, entendida como una medida del sentido de pertenencia” (Ishiguro, 2023). En un momento en que las estadísticas sobre la soledad son alarmantes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que, a nivel mundial, una de cada seis personas experimenta soledad, y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) señalan que, en Estados Unidos, uno de cada cuatro adultos siente que carece de la red social que necesita, debemos considerar cualquier medida para combatir lo que cada vez más se denomina una “epidemia de soledad” (CDC, 2024; OMS, 2025). Las microinteracciones representan una forma sencilla y accesible de dar pequeños pasos para reducir los sentimientos de soledad y aislamiento.

Desde una perspectiva psicológica, la idea de pertenencia no es nueva: en su “Jerarquía de necesidades” de 1943, Abraham Maslow situó las “necesidades de amor y pertenencia” como un nivel fundamental para el funcionamiento humano adaptativo, justo después de las necesidades fisiológicas y de seguridad (Maslow, 1943). Los seres humanos necesitamos literalmente conexión, reciprocidad y relaciones para sobrevivir; sin embargo, la época actual plantea un gran desafío, ya que nos encontramos más separados, divididos y aislados que nunca. Si bien sería maravilloso poder rodearnos de innumerables amigos y grandes grupos sociales, la realidad es que enfrentamos múltiples barreras: desde el aislamiento provocado por las redes sociales y la falta de espacios de encuentro hasta la discriminación y la marginación.

Ante un problema de gran magnitud, los pequeños pasos suelen tener un impacto mayor del que imaginamos. Esforzarnos por aumentar nuestras microinteracciones sociales, un paso aparentemente insignificante, puede ayudar a combatir la sensación generalizada de soledad y aislamiento que tantos experimentamos hoy en día.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Phil Lane MSW, LCSW

Phil Lane, Maestría en trabajo social, trabajador social clínico acreditado, es psicoterapeuta con práctica privada y el autor del libro, Understanding and Coping with Illness Anxiety.

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