Género
La trampa de “ha mejorado”
Cuando los avances en la reducción de la brecha de género nos llevan a conformarnos con menos
30 de septiembre de 2026 Revisado por Davia Sills
Los puntos clave
- Los avances graduales pueden ocultar cuán lejos estamos aún de alcanzar una verdadera equidad o igualdad.
- La participación visible no equivale a obtener poder real ni a lograr un cambio sistémico.
- Debemos dejar de preguntarnos si las cosas han mejorado y cuestionar si son lo suficientemente buenas o no.
El progreso tiene un gran poder psicológico. Los seres humanos se sienten naturalmente alentados al ver pruebas de que las cosas mejoran. Una cifra al alza puede reforzar el optimismo, validar los esfuerzos realizados y generar la sensación de que un problema avanza hacia su resolución. Sin embargo, el progreso también puede crear una curiosa trampa psicológica: la mejora puede empezar a percibirse como un logro definitivo.
El Informe sobre la Brecha Global de Género de 2026 del Foro Económico Mundial ofrece un ejemplo interesante. Tras dos décadas midiendo la paridad de género, el informe constata que la brecha efectivamente se ha reducido. Entre las 97 economías analizadas de forma constante desde 2006, la puntuación general de paridad de género ha pasado del 64.2 % al 69.4 %.
Eso es progreso. Pero también supone un avance de 5.2 puntos porcentuales en 20 años.
En ese mismo periodo, el indicador de Participación y Oportunidades Económicas ha pasado de una paridad del 55% al 61.1 %. A este ritmo histórico de avance, el Foro Económico Mundial estima que aún faltan 129 años para alcanzar la plena paridad económica de género.
América del Norte constituye un caso especialmente interesante. Actualmente registra la puntuación regional más alta en Participación y Oportunidades Económicas, con un 77.1 %. No obstante, esa cifra representa una mejora de apenas 1.6 puntos porcentuales desde 2006.
Algunos indicadores han evolucionado en sentido contrario. La paridad entre legisladores, altos funcionarios y directivos en América del Norte ha descendido 7.4 puntos porcentuales en 20 años. En Estados Unidos, la caída ha sido de 10.8 puntos.
La cuestión, entonces, no es si ha habido progreso. Es evidente que sí. Una pregunta psicológicamente más interesante es qué sucede cuando las pruebas de progreso alteran la percepción sobre cuánto trabajo queda por hacer.
La psicología de la “mejora”
Las personas rara vez evalúan las circunstancias de forma aislada; lo hacen comparándolas con puntos de referencia. Algo que ha mejorado respecto a su estado anterior puede generar una sensación positiva, aun cuando diste mucho de ser lo ideal.
Esta distinción se manifiesta en diversos ámbitos de la vida. Una relación que ha reducido sus conflictos puede seguir sin ser saludable. Un entorno laboral menos tóxico puede seguir careciendo de un ambiente de apoyo. Una persona que ha mejorado algo a la hora de establecer límites puede seguir cediendo ante ellos habitualmente.
La mejora puede alterar sutilmente la negociación interna. La pregunta deja de ser: “¿Esto es aceptable?” ...a “¿No es mejor esto?”. Son preguntas muy diferentes.
El mismo fenómeno puede influir en el cambio social. Cuando las mujeres adquieren mayor visibilidad en los lugares de trabajo, las universidades, los consejos de administración y la vida pública, esa misma visibilidad puede interpretarse como prueba de que la igualdad ya es, en gran medida, una realidad.
Sin embargo, visibilidad y poder no son necesariamente sinónimos. El propio análisis del Foro Económico Mundial para 2026 reconoce esta distinción. Sugiere que la siguiente etapa hacia la paridad dependerá, en parte, de quiénes acceden a puestos de liderazgo, participan en sectores de alto valor, gestionan el capital y moldean las instituciones.
Se trata de una evolución importante en el debate, ya que la participación mide si alguien ha logrado entrar en el sistema, mientras que el poder plantea qué sucede una vez que se está dentro.
Negociar más allá de la mejora incremental
Esta distinción tiene implicaciones que van mucho más allá de la igualdad de género. Negociar la mejor vida posible exige algo más que comparar las circunstancias actuales con otras peores del pasado; requiere replantearse periódicamente el propio punto de referencia.
Al negociar aspectos como la carrera profesional, una relación, la dinámica familiar o los límites personales, resulta útil plantearse la siguiente pregunta: ¿esto realmente es lo que se desea, o es simplemente mejor que lo que había antes?
Esa pregunta puede resultar incómoda, ya que a menudo se considera erróneamente que la gratitud y la aspiración son conceptos opuestos. Pero no lo son.
Una persona puede valorar los avances significativos y, al mismo tiempo, reconocer que el destino final sigue siendo inaceptable. Una organización puede celebrar las mejoras mientras examina las disparidades estructurales persistentes. Una sociedad puede reconocer el largo camino recorrido por las mujeres sin pretender que lo que queda por avanzar sea insignificante.
Quizás esa sea la forma más útil de interpretar las últimas cifras sobre la brecha de género. Es importante que la paridad económica de género esté más cerca que hace 20 años. Pero también es importante que, al ritmo actual, falten todavía 129 años para alcanzarla. Ambas cosas son ciertas.
Y, a veces, la negociación más importante comienza cuando las personas dejan de preguntarse “¿esto está mejor? y empiezan a preguntarse “¿es esto suficiente?”.
A version of this article originally appeared in English.
