Sexo
La sobriedad podría llevarte a sentir el sexo por primera vez
Por qué la intimidad se vuelve más difícil antes de mejorar.
24 de septiembre de 2026 Revisado por Kaja Perina
Los puntos clave
- El alcohol no solo reduce la inhibición; también disminuye tu presencia.
- La sobriedad no solo cambia tu relación con el alcohol.
- Ese entumecimiento que llamabas libertad tal vez era anestesia.
Para muchas personas en proceso de recuperación, recuperar el bienestar sexual supone un desafío ante la perspectiva de la intimidad sin alcohol. Esto se debe a que, para muchas personas, el alcohol permite desconectarse del torbellino de pensamientos que juzgan su desempeño, critican sus deseos y silencian esa voz interior que les dice que son “demasiado”, que “no son suficientes” o que están fundamentalmente “rotas”.
Lo que el alcohol le hace a tu cuerpo
El alcohol no solo reduce las inhibiciones; te desconecta de la realidad. Las investigaciones sobre la excitación sexual demuestran que las personas sobrias pueden dirigir y regular conscientemente su excitación, eligiendo dejarse llevar o contenerse; una capacidad que el alcohol altera de manera medible (George et al., 2008). La intoxicación anula casi por completo esa autorregulación. Esa sensación de calma puede parecer liberación, pero se asemeja más a una anestesia.
Como coach especializado en salud y en el enfoque de trauma, he dirigido reuniones de sobriedad donde los participantes expresaban una preocupación muy real: no sabían cómo tener relaciones sexuales estando sobrios, y algunos sentían demasiado miedo para intentarlo. Para muchas personas, el sexo en sobriedad empeora antes de mejorar: resulta incómodo, genera inseguridad y, a veces, llega a paralizar tanto que se preguntan si les pasa algo malo, en lugar de reconocer que así es, simplemente, como se siente un sistema nervioso al volver a conectarse.
Para muchos, el sexo resulta incómodo al principio
En general, los miembros de mis grupos de sobriedad coincidieron en que, a pesar del miedo inicial, la experiencia mejoraba con el tiempo. Con el paso de los días, y a menudo de forma inesperada, el sexo en sobriedad se volvía mejor que cualquier experiencia vivida mientras bebían. Una persona lo describió como aprender a funcionar de nuevo tras haber sufrido un derrame cerebral. Cuando pregunté al grupo qué era lo que más había cambiado, la palabra que más se repitió fue “estar presente”.
Un estudio clínico realizado con hombres que padecían disfunción sexual relacionada con el alcohol reveló que un porcentaje significativo experimentaba una recuperación total y espontánea de la función sexual normal a medida que prolongaban su sobriedad (Van Thiel et al., 1983). El cuerpo, al igual que el resto de la persona en recuperación, continúa sanando mucho tiempo después de haber tomado la última copa.
Estar plenamente presente no solo resultaba gratificante; para muchos, era la prueba de que su recuperación estaba funcionando. Sin embargo, a muchos les sigue aterrorizando dar ese siguiente paso. Así que, si este es tu caso, empieza poco a poco. Prueba esto: la próxima vez que preveas un momento de intimidad estando sobrio, especialmente al inicio de tu proceso de recuperación, ponle nombre al miedo en voz alta antes de que llegue ese instante, ya sea para ti mismo o compartiéndolo con tu pareja. No se trata del miedo al sexo en sí, sino del miedo que subyace a él: a ser observado, a ser juzgado, a sentir que no eres suficiente o que eres “demasiado”. La vergüenza se alimenta del aislamiento; al expresarla, ya sea ante ti o ante tu pareja, reduces su poder.
A version of this article originally appeared in English.