Ansiedad
¿Movernos más para preocuparnos menos?
¿Qué nos pueden enseñar 38,000 jóvenes sobre salud mental?
20 de agosto de 2026 Revisado por Davia Sills
Los puntos clave
- El ejercicio reduce significativamente síntomas de depresión y ansiedad, según estudio de 38,000 participantes
- El ejercicio moderado y de resistencia es especialmente efectivo; no se requiere actividad física intensa
- La actividad física debería ser fundamental para la prevención y el tratamiento de la salud mental en jóvenes
Durante años, las conversaciones sobre la salud mental de los jóvenes se han centrado en la terapia, la medicación, el tiempo frente a las pantallas y las redes sociales. Sin embargo, una de las intervenciones más accesibles podría estar a la vista de todos: el ejercicio.
Una importante revisión general publicada en 2026 en el Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry analizó los hallazgos de 21 revisiones sistemáticas, que incluyeron 375 ensayos controlados aleatorios y más de 38,000 niños y adolescentes. La pregunta era sencilla: ¿es posible mejorar significativamente los síntomas de depresión y ansiedad en los jóvenes el ejercicio? La respuesta fue un rotundo sí.
Los problemas de salud mental están aumentando.
La depresión y la ansiedad se han convertido en algunos de los problemas de salud más comunes entre los jóvenes. Los autores señalan que aproximadamente uno de cada cuatro niños y adolescentes experimenta síntomas elevados de depresión, mientras que alrededor de uno de cada cinco experimenta síntomas elevados de ansiedad. Estos problemas pueden afectar el rendimiento académico, las relaciones, la autoestima y el bienestar a largo plazo, y a menudo persisten hasta la edad adulta si no se tratan.
Aunque la psicoterapia y la medicación siguen siendo tratamientos importantes basados en la evidencia, muchos jóvenes nunca los reciben y otros experimentan beneficios limitados. El costo, la accesibilidad, el estigma y la adherencia al tratamiento continúan representando barreras significativas. Esto ha impulsado un creciente interés en intervenciones que sean efectivas, asequibles y fáciles de implementar en la vida diaria.
El efecto del ejercicio es real.
Tras recopilar evidencia de cientos de estudios, los investigadores descubrieron que el ejercicio produjo reducciones clínicamente significativas en los síntomas de depresión y ansiedad en niños y adolescentes. Los efectos fueron notablemente consistentes en diversas poblaciones, incluyendo jóvenes sanos, personas con diagnóstico de depresión, TDAH, obesidad, cáncer y otras afecciones clínicas.
Cabe destacar que la magnitud del beneficio observado con el ejercicio fue similar, y en algunos casos mayor, que los tamaños del efecto reportados en metaanálisis previos de tratamientos tradicionales como los antidepresivos y la psicoterapia. Los autores señalan que el ejercicio generó mejoras de magnitud similar a las observadas previamente en investigaciones sobre salud mental en adultos, lo que sugiere que la actividad física debe considerarse una herramienta terapéutica legítima y no solo una recomendación de bienestar.
No se trata solo de correr.
No todos los movimientos parecen tener el mismo impacto.
En el caso de la depresión, los efectos más significativos se observaron con el ejercicio mixto, que combina actividades aeróbicas y de resistencia, y con el ejercicio de intensidad moderada. Para la ansiedad, el entrenamiento de resistencia resultó ser el enfoque más eficaz. Curiosamente, no fueron necesarios entrenamientos extremadamente intensos. En algunos casos, las intensidades bajas o moderadas parecieron más beneficiosas que el ejercicio vigoroso. Es importante destacar que los beneficios del ejercicio para la depresión en jóvenes fueron prácticamente idénticos a los reportados previamente en adultos, lo que sugiere que los beneficios de la actividad física para la salud mental se extienden a lo largo de la vida.
Este es un mensaje importante para las familias. Mejorar la salud mental no requiere que los niños se conviertan en atletas de élite ni que pasen horas en el gimnasio. Caminar, practicar deportes recreativos, entrenamiento en circuito, ejercicios de fuerza, bailar y otras actividades placenteras pueden contribuir a un mayor bienestar psicológico.
Los esfuerzos a corto plazo pueden generar resultados significativos.
Otro hallazgo sorprendente fue que los programas de menos de 12 semanas produjeron mayores mejoras en los síntomas de depresión que las intervenciones más largas. Los investigadores especulan que la motivación y la participación pueden ser mayores durante la fase inicial, cuando las actividades resultan novedosas y gratificantes. Sin embargo, en quienes mantuvieron su rutina de ejercicio, los beneficios en la reducción de la ansiedad se conservaron.
La buena noticia es que los beneficios no dependieron en gran medida de la frecuencia con la que los niños se ejercitaban cada semana ni de la duración de cada sesión. Esta flexibilidad puede convertir al ejercicio en una de las herramientas de salud mental más prácticas disponibles para escuelas, profesionales de la salud y familias.
¿Por qué podría funcionar el ejercicio?
La respuesta parece involucrar tanto al cerebro como al comportamiento. El ejercicio puede aumentar los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF por sus siglas en inglés), que favorece la plasticidad cerebral y el funcionamiento neuronal saludable. La actividad física también influye en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, regula los sistemas de respuesta al estrés y puede mejorar la calidad del sueño. Psicológicamente, el ejercicio puede aumentar la confianza, crear oportunidades para la conexión social, distraer de los pensamientos negativos y fomentar una sensación de logro.
En otras palabras, el ejercicio no se trata simplemente de quemar calorías. Es una intervención biológica y psicológicamente activa.
Un cambio en nuestra concepción del tratamiento
La conclusión más importante de este estudio no es que el ejercicio deba reemplazar la terapia o la medicación, sino que sugiere que el movimiento merece un lugar mucho más destacado en las conversaciones sobre la salud mental de los jóvenes y a lo largo de toda la vida.
Para los profesionales clínicos, educadores y padres, el mensaje es claro: la actividad física ya no es solo una recomendación para la salud física. Es una estrategia basada en la evidencia que puede ayudar a aliviar los síntomas de depresión y ansiedad en una amplia gama de jóvenes.
A medida que las tasas de problemas de salud mental en los jóvenes siguen aumentando, algunas soluciones pueden requerir nuevas tecnologías, políticas o tratamientos. Otras pueden ser sorprendentemente sencillas. Un programa de ejercicio estructurado, un equipo deportivo, una clase de entrenamiento de fuerza, una clase de yoga o incluso oportunidades regulares para moverse pueden ser algunas de las intervenciones de salud mental más poderosas que hemos estado pasando por alto.
A version of this article originally appeared in English.