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Trauma

¿El cuerpo lleva la cuenta o el cerebro la predice?

Un estudio reciente cuestiona la idea de que el cuerpo lleve la cuenta.

Los puntos clave

  • El cerebro no es una máquina sensorial pasiva; es una máquina de predicción.
  • Un sistema nervioso traumatizado ignora errores de predicción y no se actualiza al restablecer la seguridad.
  • La sensación de trauma es circular: el cerebro predice el peligro y luego interpreta su activación como prueba

La frase “El cuerpo lleva la cuenta” se ha convertido en una de las más reconocidas en la cultura del trauma. Sirve como título para cursos, programas de formación continua para psicólogos y conferencias para el público en general. La idea de que el cuerpo lleva la cuenta resulta especialmente convincente porque muchos supervivientes de trauma experimentan el trauma en el cuerpo: mandíbula apretada, taquicardia, postura rígida. El sufrimiento es vívido, físico y perceptible.

Un artículo reciente de Kotler y sus colegas, publicado en Frontiers in Systems Neuroscience, ha cuestionado la metáfora habitual, proponiendo que el trauma tiene más que ver con la predicción que con el almacenamiento físico. ¿Cómo integramos, entonces, esta nueva comprensión presentada por Kotler y sus colegas con las experiencias vividas por muchos supervivientes de trauma? ¿Acaso este artículo invalida sus experiencias?

El cerebro es una máquina de predicción

El cerebro no es una máquina sensorial pasiva que espera a que el mundo la active. Es una máquina de predicción. Utiliza experiencias previas para anticipar lo que sucederá a continuación. Basándose en estas predicciones, el cerebro prepara el cuerpo y el sistema nervioso para el siguiente momento. En la codificación predictiva, el cerebro no se limita a preguntar qué está sucediendo ni a esperar a que ocurra. Se pregunta: “Dado lo que he vivido, ¿qué es lo más probable que esté sucediendo ahora mismo?” Esta expectativa previa moldea la percepción antes de que se desarrolle el procesamiento consciente e inconsciente de lo que realmente está sucediendo. Esto se denomina codificación predictiva y es un proceso cerebral que va de arriba hacia abajo.

Precisión y la competencia entre modelos de predicción

¿Qué sucede cuando el cerebro tiene expectativas previas opuestas y contrapuestas: una que predice una amenaza y, por lo tanto, prepara al cuerpo para el peligro, y otra que predice seguridad y prepara al cuerpo para la seguridad? El cerebro selecciona el modelo con mayor “confianza” o “precisión”. La predicción con mayor confianza es la que prevalece. En consecuencia, el cerebro prepara al cuerpo para el momento presente anticipado.

La precisión es importante porque el cerebro no trata toda la información y las expectativas previas por igual. Da mayor peso a algunas señales que a otras. Pero, ¿qué ocurre si el cerebro predice mal? En otras palabras, si la información sensorial ascendente del mundo no coincide con la predicción descendente. Se produce un error de predicción. Este error ocurre cada vez que las señales sensoriales del momento presente no coinciden con el “momento presente anticipado” del modelo predictivo. En un sistema sano y flexible, el cerebro registra la discrepancia y actualiza su modelo del mundo. Modifica la ponderación de la confianza en diversas creencias previas para mejorar las predicciones futuras.

Las predicciones dan forma a las siguientes transacciones biológicas, y las sensaciones que se desarrollan confirman (o refutan) dichas predicciones. Este ciclo es continuo y dinámico.

¿Qué falla en un trauma?

En un trauma, el cerebro tiene creencias previas muy arraigadas (alta confianza): el mundo es peligroso; las personas no están a salvo. Estas creencias previas influyen en las predicciones. Fundamentalmente, el cerebro asigna una confianza excesiva a las predicciones de peligro. Este modelo de “peligro” se utiliza para prepararse para el siguiente momento presente. El cuerpo se prepara para una amenaza prevista mediante la liberación de sustancias químicas cerebrales, hormonas, proteínas y cambios metabólicos. Este es un estado biológico costoso e insostenible.

Ignorar los errores de predicción perpetúa el trauma. Se predice el peligro, pero en realidad ocurre la seguridad. Sin embargo, el cerebro traumatizado no se actualiza. Desestima la discrepancia sobrevalorando la precisión de las predicciones de peligro y subestimando las de seguridad. El cerebro otorga una confianza excesiva a las predicciones de amenaza y mantiene la percepción previa de “peligro persistente”.

El resultado: un cuerpo excesivamente preparado para el peligro. Esto puede manifestarse como hipervigilancia, flashbacks y evitación. En un círculo vicioso, estos mismos síntomas aumentan la confianza del cerebro en sus propias predicciones de peligro. La curación se estanca, no porque el trauma esté almacenado en el cuerpo, sino porque el sistema nervioso ha dejado de actualizarse ante nuevas evidencias.

La persona puede oír: “Ahora estás a salvo”, pero el sistema nervioso permanece anclado en: “No, el peligro sigue siendo la explicación más plausible”.

Entonces, ¿por qué parece que el cuerpo lleva la cuenta?

¿Por qué parece que el trauma está literalmente almacenado en el cuerpo? ¿Por qué parece que el cerebro es demasiado cerebral para comprender estas experiencias somáticas profundas y continuas? La sensación del trauma es, en efecto, profundamente somática. Se localiza en el pecho, el intestino, los músculos y los órganos. Entonces, ¿por qué se siente así si el cuerpo no lleva un registro?

Cuando el cerebro prioriza la predicción de “peligro inminente”, prepara el cuerpo para ello. Esta preparación incluye aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular y una montaña rusa hormonal. Estas sensaciones corporales retroalimentan al cerebro, atrapándolo en el bucle de “peligro inminente” porque “el cuerpo me lo está diciendo”. Se trata de una inferencia circular que perpetúa un error recursivo.

El trauma no se almacena en el cuerpo. Es un error de cálculo de un sistema de predicción rígido.

No es un problema de almacenamiento, sino de predicción

El trauma puede entenderse como un cerebro que se ha vuelto demasiado confiado en su predicción de peligro en lugar de seguridad. El cerebro continúa generando modelos erróneos para el momento presente, pero confía plenamente en estos modelos, preparando al cuerpo para estados biológicamente costosos.

El trauma no es un problema de almacenamiento y el cuerpo no es el almacén. El trauma es un trastorno de la predicción, un sistema nervioso rígido y sesgado que sobreestima la amenaza, subestima la seguridad y descarta las notificaciones de actualización.

Este replanteamiento tiene implicaciones clínicas inminentes. Las terapias somáticas tienen razón en que la terapia debe abordar el cuerpo. Pero el tratamiento debe abordar el cuerpo como parte de un ciclo de predicción y, en ocasiones, de un error de cálculo cerebral. La curación somática no es el único camino a seguir, ni tampoco el superior. El objetivo no es extraer el trauma del cuerpo. Es para capacitar al conductor de la excavadora.

A version of this article originally appeared in English.

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Acerca de
Marwa Azab Ph.D.

Dra. Marwa Azab, profesora adjunta de psicología y desarrollo humano en la Universidad del Estado de California, Long Beach.

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